Las carreteras de México han dejado de ser sólo vías de comunicación para convertirse en tableros de una horrenda guerra sin fin. En lo que va de 2026, el sector del autotransporte enfrenta una crisis sin precedentes, y ahora es más grave que nunca. 

Los recientes hechos violentos derivados de operativos contra altos mandos del narcotráfico han desatado una ola de bloqueos con vehículos quemados que paralizan el corazón logístico del país. 

Sólo en las últimas 72 horas, se han reportado decenas de quema de vehículos y bloqueos en estados clave como Jalisco, Tamaulipas, Guanajuato y Michoacán, entre otros.

En este contexto, transportistas coinciden en cuatro factores fundamentales para considerar cómo actuar ante estos escenarios. 

1. El costo del caos: afectaciones logísticas

Además del costo de perder un vehículo por haber sido quemado o destruido, el impacto por la inseguridad ya representa hasta el 10% del costo operativo de cada flete, pues entre las pólizas de seguro y la inversión tecnológica, la rentabilidad cada vez es menor.

Por otro lado, la inflación es la consecuencia, ya que ante un intermitente desabasto y el aumento en las primas de seguros impactarán directamente en el precio de la canasta básica. Productos como el tomate y el chile han registrado alzas de hasta el 60% debido al riesgo de transitar por zonas de conflicto, reveló un empresario a TyT.

Por si fuera poco, en un momento donde México debería ser la joya de la corona logística por el nearshoring, la inseguridad actúa como un ancla que espanta la inversión extranjera.

2. Blindaje estratégico: ¿cómo responder?

Ante la ausencia de un Estado de Derecho en ciertos tramos carreteros, las empresas de transporte han tenido que evolucionar para convertirse en expertos en gestión de riesgos.

Por ejemplo, ya no basta con el GPS tradicional, ya que ahora las empresas utilizan monitoreo activo con IA que analiza patrones de riesgo en tiempo real.

Con protocolos de desvío que funcionan si una unidad se detiene más de cinco minutos en una zona no autorizada o sale de una geocerca (ruta predefinida), el motor se bloquea automáticamente de forma remota.

Y los tradicionales antijammer, ya que la delincuencia usa inhibidores de señal para «desaparecer» los camiones del mapa, pero las flotas mejor preparadas cuentan con tecnología que detecta estas interferencias y activa protocolos de emergencia inmediatos.

Por último, la custodia virtual y física se ha vuelto fundamental para cuidar las mercancías de alto valor (electrónicos, fármacos), a través del uso de escoltas armadas y otro de manera remota, dedicado exclusivamente a vigilar una sola unidad por pantalla.

3. El factor humano: el operador siempre es primero

Lo más valioso siempre es o debería ser el conductor. Con un déficit de operadores que crece cada año, las empresas han implementado medidas críticas.

En muchos casos y en tanto sea posible, se han eliminado los viajes nocturnos en corredores como la México-Puebla-Veracruz y la Carretera 45 en el Bajío. Y como se ha dicho en muchos casos, las unidades debren pernoctar en los famosos paradores seguros certificados, con vigilancia privada y bardeado perimetral.

Además de que cada vez resulta más frecuente que los operadores reciban capacitación para no poner resistencia. El protocolo es claro: la vida vale más que la carga. 

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Se les enseña a identificar retenes falsos (patrullas clonadas) y a buscar refugio en instalaciones militares o estaciones de la Guardia Nacional ante la primera señal de bloqueos.

También sobre el uso de botones de pánico y comunicación satelital: en zonas de «silencio» (sin señal de celular), las cabinas cuentan con teléfonos satelitales para reportar incidentes de inmediato.

«Antes, el riesgo era que te robaran la mercancía; hoy el riesgo es que quemen tu herramienta de trabajo contigo adentro. No estamos transportando carga, estamos transportando riesgo», señaló un directivo de una empresa en Michoacán.

4. Zonas de exclusión: el mapa del riesgo

Desde hace algunos años, las empresas empezaron a trazar “mapas de calor» diarios, semanales o mensuales para evitar puntos rojos:

Zonas estratégicas como el Estado de México y su Circuito Exterior Mexiquense, el tramo Esperanza-Orizaba, el triángulo Celaya-Salamanca-Irapuato y los corredores hacia el puerto de Lázaro Cárdenas, en Michoacán, se han convertido en los puntos de mayor riesgo para el sector. 

Y es así como el autotransporte en México sobrevive gracias a una inversión masiva en tecnología propia y una resiliencia casi heroica de sus conductores. 

Sin embargo, el sector advierte que sin una estrategia de seguridad pública que libere las carreteras, el costo de la violencia terminará por asfixiar la economía nacional.

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