Los precios de la energía aumentarán 24% este año hasta alcanzar su nivel más alto desde la invasión de Rusia a Ucrania en 2022, mientras que los de los metales preciosos subirán 42%, debido a la guerra en Oriente Medio que está generando una fuerte disrupción en los mercados globales, alertó el Banco Mundial.
En la última edición del informe Commodity Markets Outlook (Perspectivas de los mercados de productos básicos), el organismo detalló además que, en conjunto, los precios de los productos básicos subirán 16%, impulsados por el alza acelerada de la energía y los fertilizantes, así como por los máximos históricos alcanzados por varios metales clave.
El análisis advirtió que esta crisis tendrá consecuencias severas para el empleo y el desarrollo económico.
Aumento en los precios
Los ataques a la infraestructura energética y las interrupciones del transporte marítimo en el estrecho de Ormuz —por donde transita cerca del 35% del comercio mundial de petróleo crudo transportado por mar— han detonado la mayor crisis de suministro de petróleo registrada hasta ahora, con una reducción inicial de alrededor de 10 millones de barriles diarios.
Aunque los precios se han moderado desde su pico a mediados de abril, el crudo Brent se mantiene más de 50% por encima de los niveles de inicios de año. Para 2026, el Banco Mundial proyecta un precio promedio de 86 dólares por barril, frente a los 69 dólares registrados en 2025. Estas previsiones asumen que las disrupciones más severas disminuirán en mayo y que, hacia finales de 2026, el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz se normalizará gradualmente.
“La guerra está golpeando la economía mundial en oleadas acumulativas: primero con el aumento de los precios de la energía, luego de los alimentos y, finalmente, con la inflación, que elevará las tasas de interés y encarecerá aún más la deuda”, señaló Indermit Gill, economista en jefe del Banco Mundial. “Las personas más pobres serán las más afectadas, al igual que las economías en desarrollo con alta carga de deuda. La guerra es el desarrollo a la inversa”.
Para 2026, se prevé que los precios de los fertilizantes aumenten 31%, impulsados por un alza de 60% en la urea. La asequibilidad caerá a su peor nivel desde 2022, lo que presionará los ingresos de los agricultores y pondrá en riesgo la producción futura. De acuerdo con el Programa Mundial de Alimentos, si el conflicto se prolonga, hasta 45 millones de personas adicionales podrían caer en inseguridad alimentaria aguda este año.
También se anticipa que los precios de metales básicos como aluminio, cobre y estaño alcancen máximos históricos, impulsados por la demanda de sectores como centros de datos, vehículos eléctricos y energías renovables. En tanto, los metales preciosos continuarán con alta volatilidad y se estima que en 2026 sus precios promedio aumenten 42%, ante la mayor demanda de activos refugio por la incertidumbre geopolítica.
El encarecimiento de los productos básicos elevará la inflación y desacelerará el crecimiento global. En las economías en desarrollo, la inflación promedio para 2026 se estima en 5.1%, un punto porcentual más que lo previsto antes del conflicto y por encima del 4.7% registrado el año pasado.
El crecimiento también se verá afectado: las economías en desarrollo avanzarán 3.6% en 2026, una revisión a la baja de 0.4 puntos porcentuales respecto a enero. Las economías en conflicto serán las más afectadas, y hasta 70% de los importadores y más de 60% de los exportadores de productos básicos podrían crecer por debajo de lo previsto.
Los riesgos al alza persisten. En un escenario de mayor escalamiento del conflicto y daños a la infraestructura energética, el precio del Brent podría alcanzar un promedio de 115 dólares por barril en 2026, lo que impulsaría aún más los precios de fertilizantes y energías alternativas como los biocombustibles.
En este escenario, la inflación en economías en desarrollo podría subir a 5.8%, nivel solo superado en 2022 en la última década.
“La acumulación de choques en los últimos años ha reducido el margen fiscal para responder a esta crisis energética”, advirtió Ayhan Kose, economista del Banco Mundial. “Los gobiernos deben evitar medidas generalizadas y enfocarse en apoyos temporales y focalizados a los hogares más vulnerables”.
El informe también destaca que la volatilidad del petróleo en contextos de tensión geopolítica duplica la observada en periodos de estabilidad. Además, una caída de 1% en la producción por factores geopolíticos puede elevar los precios en 11.5%.
Estos efectos se transmiten a otros mercados: un aumento de 10% en el precio del petróleo puede elevar el gas natural hasta 7% y los fertilizantes más de 5%, generalmente con un rezago de un año, lo que agrava los riesgos para la seguridad alimentaria y la reducción de la pobreza.
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