A sus 30 años, Mauricio Rivas encarna una nueva generación de empresarios del autotransporte que combina conocimiento operativo, visión estratégica y apertura a la innovación.

El Director General de ABC del Caribe, empresa familiar con presencia en el sureste del país, es ejemplo de una trayectoria cimentada en el compromiso y en los valores familiares. Su historia comenzó desde el taller, entre refacciones, camiones y operadores, mucho antes de asumir responsabilidades directivas.

Impulsado por su padre y con la energía de quien busca destacar en el sector del autotransporte, Mauricio Rivas se involucró en la empresa desde que estaba en la escuela: “Pasando los años me empecé a involucrar un poco más dentro de la operación y administración de la empresa”.

Convertir la adversidad en una oportunidad

Su visión empresarial quedó marcada por uno de los momentos más complejos para la industria: la pandemia de COVID-19. La emergencia sanitaria redujo drásticamente la demanda de servicios de transporte. Sin embargo, en lugar de limitarse a resistir la crisis, Rivas decidió analizar lo que estaba ocurriendo y buscó nuevas oportunidades.

Cuando la empresa enfrentó una jornada sin realizar un solo viaje, un hecho inédito en su historia, observó que otras unidades refrigeradas continuaban circulando para abastecer productos esenciales. Aquella experiencia lo llevó a tomar una decisión estratégica: ingresar al segmento del transporte refrigerado.

“Ese día decidimos entrar al refrigerado; fue un sector que me tocó abrir y hacerlo crecer dentro de la empresa”, comentó.

La decisión implicó asumir riesgos y aprender un negocio completamente nuevo, sin experiencia previa: “Empezamos con un refrigerado sin saber, sin entender y sin dimensionar lo que estábamos haciendo”, recordó.

Hoy, esa división se ha convertido en uno de sus principales motores de desarrollo y representa uno de los ejemplos más claros de cómo una crisis puede transformarse en una palanca de crecimiento.

Personas primero, tecnología después

Inquieto, empático y analítico, Mauricio Rivas llevó su visión más allá de la diversificación. Su liderazgo se caracteriza por una combinación de innovación y pragmatismo. Impulsa la adopción de tecnologías como sistemas de monitoreo, telemetría y cámaras con inteligencia artificial, herramientas que han fortalecido la seguridad de las unidades y la protección de los operadores. Al mismo tiempo, reconoce que el éxito del transporte no depende exclusivamente de la tecnología.

Para el joven directivo, el principal activo de cualquier empresa transportista sigue siendo su gente. Por ello, insiste en la importancia de mantener una comunicación cercana con operadores, personal de mantenimiento y clientes. Considera que la industria requiere fortalecer la capacitación, la profesionalización y las condiciones de trabajo para enfrentar desafíos como la escasez de operadores calificados.

De hecho, identifica la seguridad y la falta de operadores como los dos principales retos que enfrenta actualmente el autotransporte. En ese contexto, sostiene que el papel de los operadores es fundamental para la competitividad de las empresas, y que cualquier estrategia de crecimiento debe incluir acciones para respaldarlos y reconocer su importancia dentro de la cadena logística.

Mauricio Rivas representa no solamente un relevo generacional, sino también una visión enfocada en el crecimiento, la adaptación y el desarrollo del capital humano. Forma parte de una nueva camada de empresarios que entiende tanto la operación en carretera como las exigencias de un mercado cada vez más dinámico y tecnológico.

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