En una industria donde la rotación de personal está a la orden del día y el déficit de operadores se ha convertido en una crisis global, contar con profesionales del volante es un privilegio que no se da por casualidad ni por suerte: es un fenómeno que se construye todos los días, en pequeñas acciones que terminan por convertirse en una cultura organizacional.
Aunque es raro saber de operadores que se quedan en la misma empresa durante mucho tiempo, hay casos muy particulares en los que esto se logra debido a causas muy específicas, y que van mucho más allá del dinero. No es un asunto económico, sino integral.
No es cuestión de suerte, sino de una arquitectura institucional diseñada para la retención del talento. Para el empresario del transporte, entender porqué un operador decide jubilarse en la misma cabina donde empezó es entender la fórmula del éxito operativo. Y es por eso que platicamos con Fernando Escartín, operador que lleva 40 años trabajando para la misma empresa, la única en la que ha estado, donde empezó a los 19 años.
Si bien el salario es importante, este operador considera que el tema debe ir más allá, junto a un plan de carrera, en el que no sólo se trata de sumar kilómetros, sino de concebir una estrategia y objetivos muy precisos.
En su experiencia, por ejemplo, tuvo la oportunidad de dejar el volante por 10 años, para dedicarse a ser jefe de tráfico, toda vez que el dueño de la empresa se dio cuenta de que esto podría representar un crecimiento para él, y al mismo tiempo, la oportunidad de tener una operación más sensible a los conductores.
“Disfruté mucho esa parte de mi carrera, porque yo conocía el camino y las condiciones del trabajo, de tal manera que durante ese periodo los compañeros operadores se sintieron arropados por un colega y no por un superior, pero al mismo tiempo yo iba capacitando a otras personas para que vieran cómo se hacía este trabajo”, afirmó.
La política de puertas abiertas, por otro lado, permitió que Fernando no fuera un número económico o un colaborador de la empresa, sino una persona con nombre y apellido y que, incluso, ha trabado una relación cordial, de respeto y cariño con los dueños de la compañía, ya que él ha estado desde el principio y ha visto cómo han crecido.
Por otro lado, y sabiendo que este trabajo implica estar muchos días fuera de casa, la empresa ha desarrollado esquemas para que las familias de los operadores participen en dinámicas y convivencias dentro de la misma compañía, a fin de involucrarse mucho más en el trabajo de los conductores.
Otro factor importante es el equipo de trabajo. La empresa se ha preocupado en proveer a los operadores vehículos de modelos recientes, más seguros y eficientes, además de equiparlos con la más alta tecnología para darles certeza sobre las condiciones en que habrán de hacer su trabajo.
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La cultura de la empresa se ha especializado en ofrecer sí un buen salario y bonificaciones, pero al mismo tiempo también ofrecen la certeza del retiro digno y seguro, pues los dueños saben que es gracias a los conductores que la empresa sigue creciendo y avanzando.
“Es una forma de agradecer lo mucho que hacemos, y eso sí que no lo hay en todas las empresas. Es lo justo y se agradece que así lo vean y así nos traten. Ahora nosotros somos los que enseñamos a las nuevas generaciones y se empieza a permear esta filosofía en los jóvenes. Que sepan lo que valen y lo que vale su trabajo. Que lo cuiden, pero que también los cuiden a ellos”, finalizó.
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