Mucho se ha dicho sobre la falta de operadores, sobre la rebasada tarea de los semilleros, sobre las buenas y malas prácticas en torno al talento del volante, pero también es cierto que hay logros y avances en este renglón; tantos que hoy es posible a conductores que se quedan en una empresa para siempre. 

Así cumplen 20, 30 y hasta más de 40 años trabajando para la misma empresa, pero no como signo de estancamiento o conformismo, sino de voluntad y compromiso con la empresa, ya que ésta les ha dado una forma de vida, un plan de carrera y una estructura que les ha permitido adaptar sus tiempos y necesidades de acuerdo a cada ruta. 

Es por eso que platicamos con un conductor que no llega a los 50 años de edad y sólo tiene un empleador en el autotransporte, con la empresa que le dio la oportunidad hace casi 30 años y que hoy han consolidado una relación que va más allá de lo laboral.

Francisco Torres empezó a trabajar para Logísticos Ramírez cuando cumplió 18 años y ya sabía manejar tractocamión. Él recuerda que la dueña de la empresa le dio la oportunidad bajo una visión: no es suerte, es más bien construir una arquitectura institucional diseñada para la retención del talento. 

En primer lugar, Francisco destaca que si bien el salario podría ser la principal razón para trabajar en una empresa, llega un punto en el que esto no es suficiente, pues resulta más importante el trato. 

Logísticos Ramírez, por ejemplo, mantiene una política de puertas abiertas y el director general conoce el nombre de los operadores y hasta parte de su contexto familiar, lo que ha creado un lazo que fortalece la lealtad y el sentido de pertenencia. 

Y hablando de la familia, este conductor señala que su trabajo implica estar mucho tiempo fuera de casa, razón por la que se valora mucho que las empresas tengan flexibilidad en las rutas para garantizar tiempos de calidad en el hogar y el apoyo en momentos de crisis (enfermedades, gastos educativos). 

Una parte importante también está en el vehículo, ya que se trata de su segunda casa, pero no significa que deban ser nuevos o llenos de lujo, sino de asignarle un vehículo fijo y que éste esté en óptimas condiciones, sobre todo de mantenimiento. 

En algunos casos, las empresas entregan un tractocamión nuevo como reconocimiento a la trayectoria para enviar un mensaje de estatus que resuena en todo el patio de maniobras.

Y ya cuando llevan muchos años en la empresa, el sentido de pertenencia se fortalece cuando el operador veterano deja de ser sólo un conductor para convertirse en un custodio de la cultura empresarial.

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En este sentido, crear programas de mentoría donde los operadores de más de 20 ó 30 años capacitan a las nuevas generaciones no sólo profesionaliza a la empresa, sino que también reduce la siniestralidad, además de que otorga al veterano un rol de autoridad y respeto, dándole un propósito que trasciende los kilómetros recorridos.

Por último, este operador piensa que uno de los miedos más grandes de un operador veterano es el futuro, de tal manera que las empresas que ofrecen esquemas de previsión social robustos y transparencia en sus aportaciones de seguridad social eliminan la ansiedad del retiro.

Además de fondos de ahorro, seguros de vida competitivos y bonos de lealtad por quinquenios, por ejemplo: un operador de 50 años valora más la certeza de una jubilación digna que un bono de productividad efímero y volátil.

La retención no es un evento, es un proceso que comienza desde el día uno de la contratación.

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