“Sé lo que se siente cuando tu padre sale a carretera y no tienes la certeza de cuándo regresará. Me tocó vivirlo”, afirma Augusto Ramos Melo. Esa experiencia marcó su visión sobre el autotransporte de carga. En buena medida, esto explica su empatía hacia los operadores y su objetivo de mejorar las condiciones en la industria. La empatía es precisamente una cualidad de los líderes.
El Presidente de la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (Canacar) comparte que su padre, Juan Manuel “El Güero” Ramos Cantú, fue operador durante 10 años. En varias ocasiones lo acompañó en carretera, donde conoció de cerca las exigencias de una actividad que aporta 3.8% del PIB nacional.
La sensibilidad hacia los operadores es algo que llevo en la sangre. Desde niño, cuando inició el negocio familiar, me tocó ver su crecimiento y entender el tiempo y el sacrificio que demanda esta profesión”, relata.
Su vínculo con el transporte comenzó desde temprana edad. A los 14 años trabajó durante un verano en una llantera. De esa época a la fecha, Augusto Ramos se preparó académicamente: estudió la licenciatura en Comercio Internacional y cuenta con una maestría en Alta Dirección de Empresas por el IPADE.
Antes de tomar la Dirección General de RAME Autotransportes, puesto que ocupó durante cinco años, Augusto debió conocer las distintas áreas de la empresa; fue un mandato de su papá que le cambió la visión entre lo que se aprende en un aula y la operación real de una empresa.
Mi papá me dijo: ‘Hasta que realmente aprendas en cada área podrás opinar y hacer los cambios que quieras’. Y qué razón tenía, porque es muy diferente verlo en la escuela que vivirlo en el terreno”, recuerda. Esa formación lo llevó a vivir en siete ciudades del país, participando en la apertura de terminales y en el desarrollo de nuevos proyectos de la empresa.
En su trayectoria identifica dos decisiones que marcaron su desarrollo personal y profesional. La primera fue mudarse al extranjero para estudiar en una preparatoria donde aprendió inglés; un planteamiento que hizo a sus padres a los 16 años de edad. Más allá del aspecto académico, considera que fue una prueba de compromiso y determinación.
Si realmente quieres hacer algo, comprométete. Desde entonces he comprobado que no hay reto imposible. A veces tomas decisiones solo, pero siempre encuentras más personas dispuestas a ayudarte. Somos más los buenos”, afirma.
La segunda decisión estuvo relacionada con su participación en la Canacar. Su padre, integrante del Consejo Nacional Directivo durante más de una década, lo acercó a las actividades del organismo. Posteriormente, el expresidente Enrique González Muñoz lo invitó a involucrarse más activamente, pero fue Miguel Ángel Martínez Millán quien le pidió asumir la Secretaría General y dedicar tiempo completo a la organización.
La propuesta implicó dejar la Dirección General de RAME Autotransportes en Saltillo, Coahuila, y mudarse a la Ciudad de México con el respaldo de su familia: “Estos cargos honoríficos son una vocación que demanda mucho tiempo. Estar tres años en la Canacar, enfocado por completo, me enamoró”, asegura.
Convencido de que no existen los límites, sostiene que la perseverancia es una de las herramientas más valiosas para alcanzar cualquier meta: “Si una puerta se cierra 20 veces, no será suficiente para dejar de insistir”, comparte.
Por ello, hace un llamado a las nuevas generaciones a no abandonar sus objetivos y, al mismo tiempo, reconoce el valor de la experiencia acumulada por quienes han construido la industria durante décadas. Su visión de liderazgo está basada en la colaboración y el trabajo en equipo.
“Siempre he buscado ayudar, sumar y actuar en conjunto. Un líder no sólo da el ejemplo; también capacita, impulsa y ayuda a la sociedad”, sostiene. Con esa convicción, busca que su paso por la Canacar contribuya a fortalecer un sector altamente competitivo, dejando una huella positiva en la industria y la sociedad.
“No permito las injusticias. Los valores que me enseñaron en casa son los que siempre plasmo en todo mi trabajo”, concluye.
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