El incremento en los precios del diésel, debido a la guerra en Oriente Medio, influyó en las tarifas de transporte terrestre en Europa, las cuales mostraron un comportamiento mixto durante el primer trimestre de 2026, con un aumento sostenido en los contratos y una ligera caída en el mercado al contado, de acuerdo con un informe elaborado por la Organización Internacional del Transporte por Carretera (IRU, por sus siglas en inglés).

El índice de tarifas contractuales se ubicó en 140.1 puntos, lo que representó un incremento de 3.2 puntos frente al trimestre previo y de 8.9 puntos en comparación anual. En contraste, las tarifas al contado descendieron a 132.3 puntos, con una caída trimestral de 2.8 puntos y un retroceso interanual de 2.0 puntos.

El informe de IRU x Upply x Ti refiere que el debilitamiento del mercado al contado o spot respondió a la estacionalidad típica de inicios de año y a un menor dinamismo del consumo en la Unión Europea, donde la presión sobre los costos ha limitado el gasto de los hogares. Sin embargo, el encarecimiento del combustible —impulsado por tensiones geopolíticas— podría revertir esta tendencia en los próximos meses.

En sentido opuesto, las tarifas contractuales han mantenido una tendencia al alza durante los últimos tres trimestres, apoyadas por la recuperación del sector manufacturero. El Índice de Gerentes de Compras (PMI) de la eurozona alcanzó 51.6 en marzo, su nivel más alto desde junio de 2022, lo que refleja expansión de la actividad industrial y una mayor demanda de contratos de transporte.

Precios del diésel determinan tarifas

La IRU destacó que el aumento en los precios del diésel ha sido un factor determinante para las tarifas terrestres en la Unión Europea, ya que el combustible pasó de un promedio de 1.56 euros por litro al cierre de 2025 a 1.96 euros al finalizar el primer trimestre de 2026, un incremento de 26%. Este repunte se vinculó al alza del petróleo Brent, que superó los 100 dólares por barril tras el cierre del estrecho de Ormuz.

Ante este escenario, varios países europeos implementaron medidas para contener el impacto, como controles de precios, recortes fiscales y reducciones del IVA. No obstante, la falta de coordinación ha generado diferencias de hasta un euro por litro entre países, incentivando el llamado “turismo energético” y presionando el suministro en mercados con precios más bajos.

“Los gobiernos europeos han implementado medidas de emergencia. Sin embargo, la falta de coordinación puede distorsionar los mercados, dejando a los operadores expuestos cuando el margen de maniobra nacional es limitado”, detalló Vincent Erard, director sénior de Estrategia y Desarrollo de la IRU.

Además, persisten riesgos adicionales en el suministro de combustibles, ya que la industria aérea enfrenta dificultades para garantizar el abasto de turbosina, lo que podría llevar a las refinerías a priorizar su producción sobre el diésel. A esto se suma la posible escasez de AdBlue, insumo clave para los camiones diésel, cuya producción depende en gran medida de Oriente Medio.

“La caída de las tarifas al contado en el primer trimestre ya es una tendencia histórica, dado que el aumento del precio del diésel eleva las tarifas de flete y ahora prevemos un fuerte incremento de las tarifas al contado”, consideró Michael Clover, director de desarrollo comercial de Ti.

De cara al segundo trimestre, la IRU señaló que el combustible se perfila como el principal factor que determinará la evolución de las tarifas. Aunque la demanda podría moderarse, los operadores difícilmente podrán absorber el aumento de costos, lo que anticipa presiones alcistas tanto en tarifas contractuales como spot durante el primer semestre del año.

En línea con estas expectativas, el índice de sentimiento del transporte de mercancías por carretera en Europa aumentó 6.2 puntos, hasta 16.9, lo que refleja una mayor previsión de incrementos tarifarios en el corto plazo.

Especialistas del sector coinciden en que el mercado atraviesa una nueva etapa, en la que los costos energéticos han superado a la demanda como principal motor de los precios, generando un ajuste desigual entre los distintos esquemas tarifarios.

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