Ante la creciente presión en el mercado energético europeo, la Organización Internacional del Transporte por Carretera (IRU, por sus siglas en inglés) urgió a los ministros de transporte de la Unión Europea a implementar medidas inmediatas y coordinadas para evitar disrupciones en las cadenas de suministro y garantizar la movilidad en la región.
A través de una carta dirigida a las autoridades, el organismo alertó que la volatilidad en los precios del combustible y las restricciones en la oferta ya están generando impactos operativos en el transporte por carretera, elevando el riesgo de interrupciones logísticas si la crisis persiste.
De acuerdo con la IRU, los precios del combustible han aumentado entre 30% y 35% en toda la Unión Europea desde el inicio de la crisis, afectando a un sector conformado por más de un millón de empresas, en su mayoría pequeñas y medianas. En este contexto, el impacto es particularmente severo si se considera que el combustible representa cerca de un tercio de los costos operativos, mientras que los márgenes de ganancia del sector oscilan apenas entre 1% y 3%.
El organismo también destacó que los vehículos pesados consumen aproximadamente 6,800 millones de litros de diésel al mes en la región, lo que dimensiona la sensibilidad del sector ante cualquier alteración en precios o disponibilidad.
Riesgos en cadenas de suministro
En el terreno operativo, ya se observan distorsiones en corredores logísticos clave, como retrasos en entregas, acceso limitado al combustible y desequilibrios en zonas fronterizas. A ello se suma el fenómeno del “turismo de combustible”, que está profundizando la escasez en ciertos mercados locales y debilitando las medidas nacionales de contención.
Raluca Marian, directora de la IRU para la UE, advirtió que el transporte por carretera, además de ser altamente vulnerable a los costos energéticos, es un pilar estratégico para la economía europea. En ese sentido, subrayó que tratar al sector como un elemento secundario dentro de la política energética podría agravar las afectaciones.
Debido a la naturaleza transfronteriza del transporte, la IRU enfatizó que las respuestas aisladas de los países miembros podrían fragmentar aún más el mercado interior europeo, incrementando la presión sobre las cadenas de suministro.
Por ello, el organismo solicitó la convocatoria urgente del Consejo de Transportes de la UE y propuso medidas como la creación de un plan de contingencia para asegurar los flujos logísticos esenciales, un marco de apoyo extraordinario con mayores límites a las ayudas estatales, así como un fondo europeo destinado a respaldar a las empresas del sector en situación crítica.
En un entorno de alta incertidumbre energética, la capacidad de coordinación regional será clave para sostener la operación del autotransporte y evitar efectos en cascada sobre el comercio y la movilidad en Europa.
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