En cachimbas, paradores y patios de maniobras uno de los temas más socorridos es, sin duda, la inseguridad: los tramos peligrosos, el riesgo de asalto y los retenes falsos, pero detrás de los riesgos de la delincuencia se esconde una amenaza casi invisible, silenciosa: los malos hábitos que atentan contra salud pública que devastan de forma sistemática la calidad de vida de los conductores profesionales en México.

La combinación de jornadas extenuantes al volante, la privación crónica de sueño, una dieta dominada por carbohidratos refinados y grasas saturadas, la deshidratación voluntaria y la falta absoluta de actividad física ha convertido a la profesión del autotransporte en una de las más vulnerables ante enfermedades crónico-degenerativas.

De acuerdo con datos de la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga y análisis del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en el ámbito de salud en el trabajo, más del 70% de los conductores de carga pesada en México padece sobrepeso u obesidad, mientras que cerca del 40% presenta cuadros de hipertensión arterial o diabetes tipo 2, en muchos casos sin diagnosticar.

Especialistas en medicina del trabajo advierten que el factor más crítico y menos visible es la deshidratación crónica voluntaria. Con el objetivo de evitar paradas en lugares inseguros o para cumplir con ventanas de entrega sumamente ajustadas, muchos operadores reducen al mínimo la ingesta de agua natural durante sus trayectos, sustituyéndola por bebidas energizantes o refrescos azucarados para mantenerse despiertos. 

Esta práctica impacta directamente en la función renal y eleva exponencialmente el riesgo de cálculos y fallas en los riñones a mediano plazo.

Por otra parte, la falta de espacios seguros y acondicionados en las carreteras del país impide que los conductores puedan realizar caminatas o ejercicios de estiramiento básico, favoreciendo la aparición de problemas cardiovasculares, lumbalgias severas y síndrome metabólico.

Para quienes llevan décadas cruzando el país a bordo de una cabina, el deterioro físico no llega de golpe; se acumula kilómetro a kilómetro hasta que el cuerpo les pasa factura.

«Uno de joven piensa que es inmortal. Te echas tus tacos de chicharrón, tus refrescos fríos para el calor y tus bebidas para no dormirte en la noche. El problema es que en la carretera casi no hay comida saludable: hay harina, grasa y azúcar. 

“Yo casi no tomaba agua porque parar en la noche a orinar en la carretera es exponerte a un asalto. Hace tres años me empezó a dar mucha sed y mareos en la carretera y cuando fui al médico, ya traía la glucosa en 350 y los riñones tocados. Hoy tengo que aplicarme insulina en el camarote y controlar la presión, pero el daño ya está hecho”, afirma Rober Mendoza, operador de 54 años de edad y 32 al volante.

«Pasas 14 ó 16 horas sentado en la misma posición, aguantando los brincos de la suspensión. Nadie te enseña a comer bien ni a hacer ejercicio. A los 40 años me diagnosticaron hipertensión severa y problemas de circulación en las piernas; se me hinchaban tanto que ya no podía pisar bien los pedales. 

“Tuve que parar tres meses porque el médico del retén no me dejó pasar el examen médico. Ahora cargo mi bote de agua natural y trato de caminar aunque sea 15 minutos en los patios cuando espero la rampa, pero la mayoría de los muchachos jóvenes siguen cometiendo el mismo error que yo», confiesa José Luis Torres, conductor de 47 años de edad y 20 siendo operador.

Para las empresas de transporte, la salud del operador ha dejado de ser un asunto puramente personal para convertirse en un elemento clave de la gestión operativa y la seguridad vial:

Reducción de la siniestralidad: eventos médicos agudos al volante (paros cardíacos, coma diabético o micro-sueños derivados de la fatiga y mala nutrición) son causa directa de accidentes graves en autopista.

Mitigación de la escasez de conductores: en un mercado con un déficit crítico de operadores, la incapacidad médica prematura reduce la vida laboral de los conductores experimentados.

Te recomendamos: ¡A los operadores nos cancelan las citas por sistema, sin apelar al sentido común!

Programas de bienestar integral: flotas vanguardistas han comenzado a implementar revisiones médicas periódicas, asesoría nutrimental adaptada a la vida en ruta e inversión en infraestructura para promover el ejercicio en sus distintas terminales. 

Atender la salud física y nutricional de los operadores no es sólo un acto de responsabilidad social corporativa; es la mejor vía para dignificar la profesión y garantizar que las ruedas del país sigan girando con seguridad.

Te invitamos a escuchar el episodio más reciente de nuestro podcast Ruta TyT: