A los ocho años perdió a su abuelo, pero las enseñanzas que le dejó siguen marcando el rumbo de su vida. Una de ellas, quizá la más importante, se convirtió en una filosofía de trabajo que hoy comparte con todo su equipo: buscar clientes “debajo de las piedras”. Para Carlos Alfredo Martos Padilla, Director General de Kenworth DAF del Centro, el autotransporte nunca fue una elección circunstancial, sino una forma de vida que aprendió desde niño entre talleres, motores y conversaciones de carretera.
Su historia dentro de la organización comenzó mucho antes de asumir responsabilidades formales. Durante su adolescencia, disfrutaba de ganar su propio dinero, así que dedicaba parte de su tiempo al trabajo en la empresa familiar; hasta que el 28 de noviembre de 2011, con 19 años de edad, inició oficialmente su trayectoria como promotor de servicio.
Desde entonces decidió recorrer el mismo camino que habían transitado las generaciones que lo anteceden. A lo largo de casi 15 años de trayectoria ha pasado por cada una de las áreas de la concesionaria, convencido de que el liderazgo se construye entendiendo el trabajo de quienes hacen posible los resultados todos los días.
Ingeniero electromecánico de formación, ha complementado su experiencia operativa con programas de desarrollo directivo para ampliar su visión empresarial. Sin embargo, más allá de los estudios formales, reconoce que gran parte de su aprendizaje ha llegado de la convivencia con otros empresarios, colaboradores y clientes que le han enseñado a mirar los desafíos desde distintas perspectivas.
A lo largo de su carrera le ha tocado enfrentar momentos complejos para la industria, desde periodos de incertidumbre económica hasta la pandemia, una etapa que le obligó a tomar decisiones difíciles para preservar la viabilidad de la empresa. Aquellos meses le confirmaron que la capacidad de adaptación es una de las virtudes más importantes para cualquier organización que aspire a permanecer vigente.
Hoy, al frente de una empresa que suma 57 años de historia, Carlos entiende que la permanencia no depende únicamente de las cifras o de las instalaciones, sino de la capacidad de evolucionar sin perder la esencia. Por ello impulsa una cultura basada en la eficiencia, la rapidez de ejecución y la cercanía con las personas.
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Lejos de concebir la dirección como una labor de oficina, prefiere recorrer talleres, visitar sucursales y convivir con clientes y colaboradores. Para él, las mejores decisiones nacen del contacto directo con la operación y con quienes viven el negocio día a día.
Reconoce el valor de la experiencia acumulada por quienes han dedicado su vida a este sector, pero también celebra la llegada de generaciones que aportan energía, nuevas herramientas y una capacidad de adaptación cada vez más necesaria en un entorno tan dinámico.
Particularmente destaca la creciente participación de las mujeres en áreas que históricamente habían sido dominadas por hombres, una evolución que considera positiva para la industria y que refleja el talento que existe cuando se abren espacios para desarrollar capacidades.
Al hablar del futuro, el joven mantiene el mismo tono optimista que ha acompañado su trayectoria. La expansión de la concesionaria, nuevos proyectos de infraestructura y la consolidación de la organización forman parte de los planes inmediatos. Sin embargo, más allá de cualquier meta empresarial, hay una aspiración que resume su visión a largo plazo: contribuir a que la compañía alcance un siglo de historia y que las siguientes generaciones encuentren en ella las mismas oportunidades que él encontró.
Porque para Carlos Martos, el autotransporte es mucho más que una actividad económica. Es una industria que mueve al país, conecta oportunidades y transforma vidas. Y en ese camino, está convencido de que el liderazgo no consiste en dar órdenes, sino en inspirar a otros para avanzar juntos hacia un mismo destino.














