En Mexicali, donde el calor puede rozar los 50º C y la infraestructura eléctrica todavía va un paso atrás comparado con otras zonas del país, la electromovilidad no llegó como una estrategia perfecta, sino como un experimento.

Sergio Rebollar González sentía casi como una deuda moral el hacer algo contra la alta contaminación de la ciudad fronteriza y, en aquella época de la pandemia donde el tiempo daba para idear nuevos proyectos, le surgió arrancar su camino hacia la electromovilidad.

El también Director del TPM cuenta que el punto de partida fue una camioneta de gasolina convertida a eléctrica que daba apenas una autonomía de 80 kilómetros. Se trataba de un prototipo que les ayudó a entender los sistemas, los componentes, la infraestructura y ver los desafíos de la electromovilidad desde la trinchera de la operación.

Sergio Rebollar recuerda que, luego de ese primer prototipo, hace tres años tomaron otra apuesta arriesgada: traer de China su primer autobús eléctrico. “Sin saber nada, cómo se conectaba ni nada”. 

Estos proyectos sin manual con el tiempo se convirtieron en el laboratorio de todo lo que vendría después, pues la empresa hoy opera cerca de 50 vehículos eléctricos entre autobuses, vanes y automóviles para los servicios de transporte público, transporte de personal y taxi.

Además, han expandido proyectos hacia ciudades como Hermosillo y tienen proyectos en puerta en Puebla, Durango y Tijuana.

Entendiendo la electromovilidad desde adentro

Hoy, una de las líneas de negocio de TPM tiene rodando los primeros autobuses eléctricos para el transporte público de Mexicali, un despliegue realizado de la mano de Auteco.

La implementación no ha sido sencilla. Rebollar destaca que en este tipo de aplicaciones es muy importante adaptar la tecnología a las condiciones específicas de cada urbe: “Cada ciudad en México tiene sus desafíos: clima, gente, tecnología. Hay que tropicalizarlo”. 

En este sentido, destacó la apertura de la marca para realizar las adecuaciones a los vehículos: “Hay estándares, pero en el transporte público, a lo mejor debes cambiar las bolsas de aire a muelles, ¿por qué? por las condiciones de la calle. Entonces, son detalles que se hacen para que funcione el proyecto”. 

El directivo también compartió su experiencia en la electrificación del transporte de personal, donde además de trabajar con autobuses de la marca Higer, la transición ha resultado más ordenada debido a la estructura de sus horarios de servicio y rutas fijas.

“Hemos visto que las maquiladoras lo ven con muy buenos ojos, tanto en la etapa de innovación y contaminación en Mexicali, estamos hablando de que es de las ciudades más contaminadas en México; entonces ven el aporte ecológico que estamos haciendo.

En el caso de taxis, el grupo ha trabajado con unidades compactas eléctricas como BYD Dolphin Mini para optimizar la eficiencia del servicio. El proyecto surgió luego de repensar la escala del servicio, pues les solicitaban viajes para una menor cantidad de personas y resultaba poco viable seguir utilizando sólo vanes o autobuses

Y si bien cada uno de los despliegues ha sido exitoso, Sergio Rebollar reconoce que uno de los principales retos para la electromovilidad en Mexicali es el clima extremo: “El reto más grande es el calor. Las baterías de litio se comportan como un celular: si lo expones al sol, el sistema se puede apagar”.

En este sentido, revela que ya estamos trabajando con proveedores para sistemas de aire acondicionado eléctrico con especificaciones adecuadas. Esto, nuevamente deja ver el nivel de personalización que TPM trabaja para hacer posible este despliegue. 

Hacia un ecosistema 

Al recordar su primer despliegue en electromovilidad, el entrevistado comparte que incluso tuvo que improvisar la infraestructura para poder recargar: “Tuve que rentar por ocho meses una subestación de carga para poner el cargador; le echaba diésel a la subestación para poder conectar el cargador del autobús”

La anécdota deja ver uno de los puntos que siempre surge en este tipo de proyectos: la infraestructura. 

A la distancia, Rebollar ve que la regla debería ser: primero la cancha, luego los jugadores. Una analogía en la que la primera es justo la infraestructura de recarga y los segundos son los vehículos. 

Y es que desde TPM, una vez que esto quedó más claro crearon Bee Energy, una división de la compañía enfocada en sitios en solventar este reto: “Tenemos dos sitios, queremos abrir otros cuatro. Son de ocho cargadores, el otro es de cuatro, y pensamos que es mejor poner menos cantidad de kilowatts y poner uno en 10 sitios”, explica.

Esto ha dado paso a que la compañía vea a la electromovilidad no sólo como un proyecto que gira alrededor de los vehículos eléctricos, sino que se transforme en un ecosistema, al que se le suman otros elementos clave como las alianzas estratégicas con fabricantes y financieras.

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