Imagine que dentro de algunos años, dos tractocamiones aparentemente idénticos recorren la misma autopista, transportan una carga similar y llegan al mismo destino. Sin embargo, uno paga un peaje menor que el otro.
No porque pertenezca a una empresa más grande. Tampoco porque reciba un subsidio. Paga menos porque representa un menor riesgo para la sociedad. Su operador mantiene un historial ejemplar de conducción, el vehículo cuenta con un mantenimiento mejor documentado y la información disponible demuestra un mayor nivel de cumplimiento durante toda la operación.
¿Suena futurista? Quizá no tanto. Gran parte de esta transformación será posible gracias a la inteligencia artificial. Sin embargo, su mayor aportación no consistirá únicamente en analizar millones de datos o automatizar tareas repetitivas. Su verdadero impacto será permitir que el transporte deje de administrarse mediante promedios y comience a tomar decisiones individualizadas.
Durante décadas gestionamos el transporte mediante promedios. La siguiente revolución consistirá en administrarlo mediante mérito.
¿Por qué un vehículo con años de mantenimiento ejemplar debería tener la misma probabilidad de ser inspeccionado que otro cuyo historial registra múltiples incumplimientos? ¿Por qué una empresa que durante años invierte en seguridad, capacitación y mantenimiento recibe prácticamente el mismo tratamiento administrativo que otra que apenas satisface los requisitos mínimos?
Si queremos que las flotas inviertan más en seguridad, mantenimiento y cumplimiento, el sistema debe ser capaz de reconocer ese esfuerzo y recompensarlo objetivamente mediante información confiable y en tiempo real. No se trata de favorecer a las empresas por su tamaño, sino por sus resultados. Una microempresa con un desempeño sobresaliente debería recibir los mismos beneficios que una grande con el mismo nivel de cumplimiento, mientras que ésta no debería obtener ventajas si su historial operativo no las respalda.
El cumplimiento dejará de ser únicamente una obligación. Comenzará a ser un activo.
Imagine ahora que ese mismo tractocamión inicia un viaje hacia la frontera. Antes de recorrer el primer kilómetro, la inteligencia artificial ya estimó el nivel de riesgo de la operación, verificó el historial del operador, evaluó el estado mecánico del vehículo mediante telemetría, consultó las condiciones meteorológicas, identificó los tramos con mayor probabilidad de incidentes e incluso, sugirió una ruta más segura y eficiente.
Al finalizar el recorrido, esa misma información podría utilizarse para calcular una prima de seguro acorde con el riesgo real del viaje, priorizar el cruce fronterizo para empresas con mayor nivel de confianza, reducir inspecciones innecesarias, estimar el desgaste generado sobre la infraestructura y fortalecer el historial de cumplimiento de la empresa.
La confianza tampoco deberá construirse a costa de la privacidad. El reto no será compartir todos los datos, sino generar indicadores objetivos y verificables que permitan demostrar el cumplimiento, preservando al mismo tiempo la información estratégica de las empresas y los datos personales de los operadores.
Existe además otro cambio igual de importante: la economía del dato. La información dejará de ser un simple registro histórico para convertirse en un activo con valor económico. Los datos ya no servirán únicamente para monitorear vehículos; permitirán generar confianza. Y ésta podrá traducirse en menores costos de transacción, procesos regulatorios más ágiles, mejores condiciones de financiamiento y una mayor competitividad para quienes demuestren, con evidencia, que hacen mejor las cosas.
Me gustaría proponer un nombre para esta nueva forma de entender el transporte: MovIAlidad. La MovIAlidad representa el paso de un transporte administrado mediante promedios hacia uno administrado mediante confianza, generada a partir de información individual, contextual y en tiempo real.
La inteligencia artificial no será el destino del transporte. Será la herramienta que hará posible la MovIAlidad. La verdadera pregunta es otra: ¿estamos preparados para un transporte donde el mérito, y no el promedio, determine los costos, los riesgos y las oportunidades?
Miguel Elizalde
Experto en movilidad sostenible
Redes @MELIZALDEL
me@mobilitysustainable.com
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