Miguelina López Hernández fundó MLH Transporte de manera formal en 1985, pero su experiencia previa había comenzado como contadora para una empresa dedicada a la fabricación de barcos. 

Era otro contexto, otro mundo, otro país y otro Veracruz, donde esta joven profesionista se empleó para aquella empresa y empezó a conocer el área administrativa de una operación totalmente dedicada al Puerto, de donde nunca más habría de salir. 

Entre otras funciones, ella se encargaba de contratar proveedores, operadores y colaboradores para esa compañía, y le gustó mucho su trabajo, ya que conoció a muchas personas. 

Y eso la llevó a tomar una decisión importante cuando empezó a haber un recorte de personal y mejor cambió de trabajo, ahora para una empresa de transporte que movía azúcar en el mismo recinto portuario. 

Ahí conoció el negocio y vio la oportunidad de desarrollar más habilidades, sobre todo sociales, ya que su trato con las personas es una de sus principales fortalezas. 

Pero el proyecto no duró mucho, ya que los socios de esa empresa decidieron disolver su alianza y, para no quedarse en el limbo, ella se atrevió y emprendió. 

No tenía mucho, pero sí ganas, miedo y necesidad, así que se endeudó para comprar un camión y muy rápido se puso a conseguir clientes, pues el vehículo se tenía que pagar. 

Se rodeó de personas talentosas y trabajadoras, para que ese inició fuera lo más llevadero posible. En entrevista para TyT, la empresaria recordó que no fue fácil, pero nunca se detuvo. 

Y, ahora sí, le dio forma a MLH Transporte, nombre tomado con sus iniciales y que ya operaba como una empresa independiente en el mismo Puerto de Veracruz. 

Sus preocupaciones no eran pocas, ya que, como suele suceder, la zozobra de que si le podría alcanzar para pagar la nómina y los gastos la acompañó durante mucho tiempo. Pero hoy, en retrospectiva, se da cuenta de que ese miedo fue el que la impulsó para no conformarse y siempre buscar hacer más y mejor.

Fue así como no descansó hasta tener una operación segura, estable y rentable, con la diversificación de clientes y, en cuanto le fue posible, compró otro camión y después otro y otro. 

Fueron buenos años de crecimiento, aprendizaje y consolidación, hasta llegar a un punto de inflexión que permitió que MLH Transporte diera un salto cualitativo. 

La también delegada de Canacar en el Puerto de Veracruz cuenta que fue en ese momento en que decidió certificar a la empresa, pues no era suficiente con saber que hacían bien las cosas, sino que los clientes tuvieran la certeza de que así era. 

Fue un proceso pesado y difícil, ya que debían tener todo en regla, en orden y listo para las visitas de los auditores del Servicio de Administración Tributaria, ya que la certificación OEA es de las más exigentes que hay para el autotransporte. 

Hasta que les llegó el momento y los especialistas llegaron a revisar, supervisar e inspeccionar todos los procesos de MLH. Recorridos exhaustivos, ojo minucioso, hasta debajo de la alfombra. 

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Al concluir esa visita, las personas dijeron que lo más probable es que sí les dieran la certificación, pues de acuerdo a su experiencia todo estaba mejor que bien. Y así fue. 

Y desde entonces, el reto para MLH ha sido mantener esos estándares, ya que lo difícil no fue conseguir la certificación, sino mantenerla, ya que no son muchas las empresas que cuentan con este sello. 

Hasta los retos del presente, en que el Puerto de Veracruz, con sus propios requerimientos y un 2026 lleno de retos e incertidumbre, pero con la confianza y el deseo de seguir trabajando para superar estos tiempos de crisis.

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