La noche del 14 de octubre de 1994, en La Rumorosa, sucedió un evento entre la vida y la muerte. La conexión entre dos mundos que cobró una vida y que al mismo tiempo comenzó una leyenda. Ésta es la historia de Julián Solís, mejor conocido como “El 18”.
Ese día hubo una niebla tan espesa que los faros del camión no iluminaban el camino, sino que creaban un muro blanco, casi vacío, digno de una película de suspenso.
Julián llevaba equipo médico. Una paradoja casi poética por transportar máquinas que mantienen vivas a las personas mientras él estaba a punto de desaparecer completamente.
Julián pertenecía a la tercera generación de hombres que se dedicaban al volante de un tractocamión. Una larga tradición de operadores que esa noche vio fracturada su línea del tiempo.
Lo de “El 18” fue casi autoimpuesto, ya que le gustó la referencia de las 18 llantas del camión con sus remolque, y así se le quedó, pues le gustaba pensar que se había mimetizado con el vehículo.
Luego de casi 20 años manejando, La Rumorosa le tenía preparada una escena casi inenarrable. De frente a él, un auto compacto perdió el control. Luego de un silencio absoluto, un volantazo preciso provocó el accidente, y luego la sensación de ingravidez.
En el kilómetro 54, una zona de curvas cerradas y vientos cruzados, un vehículo particular perdió el control. Julián, fiel a su código de honor, prefirió dar un volantazo para no aplastar al auto pequeño.
Su pesado Peterbilt rompió la barrera de contención y cayó al abismo. Julián no sobrevivió al impacto, y su cuerpo nunca fue recuperado del todo entre los hierros retorcidos y las rocas del fondo del barranco.
Desde ese día comenzó la leyenda. El fantasma de Julián se quedó para siempre en la cultura popular: empezaron a surgir reportes extraños entre los conductores novatos y los viajeros varados.
La leyenda del «Caballero de la Niebla» nació de tres hechos recurrentes que los traileros juran que son reales:
La Luz de Guía: En noches de niebla cerrada donde no se ve ni la defensa del camión, los colegas cuentan que un tractocamión blanco con franjas azules aparece de la nada. Se mantiene siempre a una distancia segura adelante, marcando el camino con sus luces traseras hasta que la niebla se disipa. Al llegar a la zona recta, desaparece.
El Mecánico Solitario: Se cuenta la historia de una familia que se quedó sin frenos y logró detenerse milagrosamente en un acotamiento. Un hombre alto, con una chamarra de mezclilla y olor a café, bajó de un camión antiguo para ayudarlos a ajustar las balatas.
Cuando el padre intentó ofrecerle dinero, el hombre solo dijo: «Llegue con bien a casa, hoy alguien lo espera». Al darse la vuelta, el hombre y su camión ya no estaban.
El Termo Azul: En el lugar del accidente, algunos traileros dejan una moneda o un poco de café en una pequeña cruz de piedra. Dicen que, si lo haces, Julián cuidará tus llantas durante todo el descenso.
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